martes, 13 de mayo de 2014

Seminarios Internos - CES - Florencia Pannunzio. Espacios virtuales como ámbitos de socialización juvenil

Proyecto CES “Subjetivación política y juventud…”

Propuesta de abordaje:
Espacios de socialización à espacios virtuales à juventud

Espacios virtuales como ámbitos de socialización juvenil
                                                                                                    
A partir de la revisión de la literatura sobre los espacios virtuales como espacios de socialización, ligados a la noción de juventud, se pudo identificar una serie de puntos que se remarcan en las investigaciones:
·         Los jóvenes como “nativos digitales”[1]: es la generación actual de jóvenes, que nacieron y crecieron en contacto con las tecnologías digitales y los espacios virtuales. Esta idea se presenta en oposición a la de “inmigrantes digitales”. Se alude a los nativos, vinculándolos a aquellos que tienen competencias comunicativas y una alfabetización digital que les permite conducirse con naturalidad por los espacios virtuales. Dicha alfabetización consiste en un proceso de aprendizaje que se da por fuera de las instituciones tradicionales (familia/escuela), con énfasis en el aprendizaje autónomo, en la vida cotidiana.
·         Los jóvenes como productores de contenidos, con capacidad de hacerse ver y oír ante otros actores sociales.
·         La “noción mágica de amigos”[2], para dar cuenta de los vínculos que tejen. Bajo esta denominación aparecen aquellos con quienes entran en contacto en espacios virtuales, que a menudo se convierten en la “audiencia”, y obligan a los jóvenes a generar estrategias de presentación personal en espacios virtuales para obtener mayor visibilidad.
·         Lo anterior se puede explicar como “el show del yo”: “En medio de los vertiginosos procesos de globalización de los mercados, en el seno de una sociedad altamente mediatizada, fascinada por la incitación a la visibilidad y por el imperio de las celebridades, se percibe un desplazamiento de aquella subjetividad “interiorizada” (propia del siglo XIX y principios del XX) hacia nuevas formas de autoconstrucción (…) ciertos usos de los blogs, fotologs, webcams y otras herramientas como MySpace y YouTube, serían estrategias que los sujetos contemporáneos ponen en acción para responder a estas nuevas demandas socioculturales, banalizando nuevas formas de ser y estar en el mundo.” (Sibilia, 2008:28)
·         El rol de los espacios virtuales en sus prácticas cotidianas, remarcando que el uso principal es comunicacional. “El principal uso que hacen los jóvenes de Internet es para comunicarse. Efectivamente, el 90% de los jóvenes chatea, visita una red social, manda mails o bloguea” (Morduchowicz, 2008)
·         Estos espacios se están convirtiendo en algo esencial para ser una persona integrada en los círculos en los que cada uno tiene por grupos de referencia.

Algunas cifras que expone Morduchowicz (2012) respecto el contacto de los jóvenes con Internet y el acceso:
·         En Argentina el 95% de los jóvenes tiene acceso a internet.
·         El 40% accede desde su casa y el 60% lo hace desde un cibercafé o locutorio.
·         La media nacional de conexión es de una hora y media diaria.

Socialización y sociabilidad en espacios virtuales:
Entendiendo a la socialización como el proceso mediante el cual un sujeto adopta los elementos socioculturales del medio ambiente (normas, conductas, valores, etc) y los integra a su personalidad para adaptarse a la sociedad, se identificaron históricamente los procesos de socialización primaria (familia) y secundaria (escuela/pares). En dichos procesos el contacto presencial, físico, es fundamental. Sin embargo, ante la creciente presencia de los espacios virtuales en la cotidianeidad del sujeto, se los designa como espacios de socialización terciaria. Esta última se relaciona con la transculturación y la integración de sociedades diferentes.
La socialización primaria y secundaria se produce en presencia física del otro, mediante la comunicación cara a cara, especialmente en los primeros años de vida y de la adolescencia. La socialización terciaria correspondería a aquella que se genera a partir de las relaciones del individuo con los medios de comunicación masiva como agentes socializantes (televisión, radio, internet) a través de los cuales el sujeto aprende valores, costumbres, pautas de comportamiento. Esta última se da a lo largo de la vida del sujeto.
Entre las publicaciones del GT de Clacso que vienen poniéndose en común en los encuentros del CES, no se encontraron trabajos que aborden a los espacios virtuales como ámbitos de socialización de los jóvenes. Los mismos son nombrados, pero no hay un desarrollo puntual al respecto.
Los espacios virtuales sí aparecen explícitos en el caso de Brasil, en lo que refiere a los estudios sobre juventud:
“Los jóvenes contemporáneos en procesos de cambio, relacionándose con los nuevos medios, se tornan en sujetos de reflexión académica en la década del 2000. Investigadores como Félix (2003), Scalco (2008), Rosatelli (2007), buscan comprender cómo la esfera de consumo es imprescindible en la formación de redes, hábitos, y de formas de ser y de vivir; y cómo las prácticas de ocio son fundamentales en la formación de subjetividades y grupos de jóvenes. Las dimensiones simbólicas experimentadas en las prácticas de consumo y de ocio migran a entornos virtualizados/digitalizados, a través de re-apropiaciones y re-significaciones; Las nuevas formas de comunicación, los nuevos medios de comunicación y las tecnologías se transforman en elementos de mediación en las redes de sociabilidad juvenil y son pilares en la estructuración de identidades individuales y colectivas.” [3] (en Alvarado y Vommaro, 2010:301)

Aparecen como puntos de referencia el consumo y el tiempo de ocio. Esto entra en consonancia con la denominación de “nativos digitales”, donde se sostiene que los jóvenes en la actualidad aprenden desde lo lúdico y en el tiempo de ocio. El “tiempo libre” devino relevante en las últimas décadas, siendo las interacciones sociales sostenidas en dicho espacio/tiempo una importante dimensión socializadora desde siempre (en tanto agente informal), junto con los agentes formales como la escuela o la familia.
En el caso brasilero se alude a las tecnologías como elementos de mediaciones en las redes de sociabilidad, no de socialización.
Se encontraron pocas referencias a los espacios virtuales como ámbitos de socialización, o donde se trate cómo transmitimos y aprendemos normas sociales en Internet. Sin embargo sí se encontraron publicaciones sobre “Sociabilidad online” (Turkle, 1997; Castells, 2001; Correa y Tirado, 2002; Mayans, 2002; Galvez, 2004 -citados por Revuelta Domínguez- y Morduchowicz, 2012), donde ser “sociable” implica una “inclinación al trato con los demás”, según lo define la Real Academia Española.

Por citar un ejemplo:
“Internet ha generado nuevas formas de sociabilidad juvenil. Durante décadas los temas de conversación entre los adolescentes giraron sobre la televisión, la radio, el cine o la música (…) estas charlas tenían lugar fundamentalmente cara a cara en la escuela o en el club. La otra opción era por teléfono desde sus casas. (…)En los años noventa, con la gradual expansión de Internet, no sólo los temas de conversación se ampliaron, sino que cambió sustancialmente la naturaleza del diálogo: la interacción es en simultáneo, a través de múltiples pantallas, en tiempo real y sin necesidad de presencia física. Hoy los adolescentes disponen no sólo del teléfono de línea para comunicarse, sino, además, del celular para mandar mensajes y de Internet para enviar mails, chatear, tener un blog o estar en una red social.” (Murdochowicz, 2012:10-11)


Sobre socialización en espacios virtuales ligado a los estudios de juventud, es significativo un trabajo de Francisco Bernete, donde se abordan los
 “posibles cambios en las relaciones de los jóvenes, y por lo tanto en su socialización, en lo que ésta depende de su interacción con otros agentes sociales: familiares, docentes, compañeros de trabajo, de estudio, de juegos, etc. Interacciones que tienen un nuevo campo donde generarse, regenerarse, crecer, transformarse. No sólo en lo que más se identifica como “redes sociales” (Facebook, Twitter, Twenti, etc) sino también en otros muchos espacios de intercambios informativos abiertos por internet y la telefonía celular.” (Bernete, 2010:96)

Los medios como internet están generando transformaciones en los modos de producir y recibir información, comunicarse, divertirse, comprar, trabajar, estudiar, etc, que son visibles en el largo plazo. Se trata de una transformación cuyo sentido y consecuencias en la socialización de niños y jóvenes produce incertidumbre y preocupación (como anteriormente ocurriera con la radio y la televisión). Aquí entra en juego la mirada adultocéntrica, quienes hablan a menudo de los “nuevos medios”, “nuevas tecnologías”, “nuevas relaciones sociales” o “nuevas interacciones”, teniendo como parámetros los cambios sociales en relación a su propio tiempo; mientras que son tecnologías y relaciones sociales “naturales” para los jóvenes. Dice Bernete (2010:100) siguiendo las tipologías de Echeverría (1999) que mientras para los adultos el espacio virtual representa un “tercer entorno”, distinto del segundo entorno (urbano) y del primer entorno (rural o natural); “para los jóvenes todo forma parte de un solo mundo, que es así porque así se lo han encontrado. La conciencia del cambio es de los mayores”.
Él se propone señalar algunas líneas de investigación que parecen necesarias emprender, para vincular los usos tecnológicos con el papel que cumple la comunicación en los procesos de socialización:
“Pues si bien abunda la literatura sociológica, económica y tecnológica que registra y valora tendencias en la producción, la comercialización, el consumo o los riesgos asociados a la ocupación de los jóvenes con las actuales tecnologías de la información y la comunicación (…), no es fácil encontrar recursos para investigar de qué modo las interacciones mediante TIC están conformando nuevas formas de entender el mundo (público y privado; físico y psíquico), de articular o desarticular la sociedad y la cultura de los usuarios; de relacionarse con otros, cercanos y lejanos, jóvenes y mayores, usuarios y no usuarios de las mismas TIC.” (Bernete, 2010:96)

Así menciona que resta conocer las consecuencias que tiene el uso de las TICs en los comportamientos, en las formas de relacionarse y en una socialización fuertemente sustentada en las interacciones con el grupo de iguales (esto sería la emergencia de las tics como desencadenante de los cambios en otros órdenes de la vida); y por otro lado, cómo los jóvenes usan las tics por querer mantener unos comportamientos, unas relaciones o unas identidades sociales (implicaría un uso como resultante de factores anteriores).
Ante los cambios producidos en los últimos años, las sociedades fueron cambiando. Ya no se trata de sociedades pequeñas, cuyos miembros se conocen, viven de una manera similar, comparten creencias, valores, actitudes, etc. por el contrario, se trata de sociedades más grandes, que se tornaron complejas: no es posible identificar una visión de la realidad que cohesione a todos sus miembros, sino muchas que compiten entre sí.
“Socializar, en esta situación, supone saber cuáles son las exigencias compartidas (normas, valores, actitudes hacia propios y extraños) para canalizar las pulsiones y orientar el aprendizaje social de los individuos; y que éstos interioricen la necesidad de respetar una ley en cuya gestación no han participado (…) la socialización adecuada no está en absoluto garantizada; y es más difícil que lo esté cuando el sistema social carece de mecanismos para ordenarla: no establece con claridad qué espera de los adolescentes y jóvenes; ni qué lugar (simbólico o material) podrán ocupar los miembros jóvenes (profesiones, funciones paterna y materna, etc.) en una sociedad cohesionada.” (Bernete, 2010:103)

En términos de socialización la influencia de las TICs en las relaciones sociales trajo aparejado cambios en el entorno familiar y en la escuela. Tanto los padres como los maestros y profesores tienen que mediar entre lo que aparece en los medios y lo que los jóvenes saben; e incluso se ven obligados a aprender a manejar las TICs para saber qué circula por allí, y no renunciar a sus potencialidades en beneficio de la formación.
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También resultó interesante un estudio realizado en España en el año 2012, por Francisco Revuelta Domínguez, que se propone indagar en los mecanismos de socialización que se activan en las interacciones de aprendizaje a distancia mediada por tecnología (se toma el caso de un grupo de discusión online, y tiene una mirada de socialización desde el ámbito educativo). Su hipótesis es que existen mecanismos de socialización en entornos presenciales que se dan en entornos virtuales. La socialización es consciente (puntualmente en los procesos de escolarización) e inconsciente.
“Parsons (1982), autor sistémico, respecto de la socialización, advierte que éste es un proceso particular de aprendizaje y se trata de la adquisición de las orientaciones precisas para funcionar satisfactoriamente en un rol. Llama mecanismo de socialización al proceso motivacional por virtud del cual se produce en relación a su significado funcional con respecto al sistema de interacción. De esta forma concibe dos sistemas de interacción, por un lado el sistema social y por otro el sistema de la personalidad que posee tres mecanismos para poder estar en equilibrio: mecanismos de aprendizaje, de defensa y de ajustamiento.” (Revuelta Domínguez, 2012:3)

En dicho estudio aparecen como mecanismos de socialización en espacios virtuales:
a) aprendizaje social;
b) identificación (sentido de pertenencia a un grupo, es un mecanismo espontáneo);
c) asimilación;
d) internacionalización (se establece con la explicitación de normas ya sean generales o específicas);
e) adaptación (adaptación a los aspectos técnicos de la plataforma virtual; y capacidad de asimilar y acomodar nuevas ideas respecto de los contenidos que se comparten en el espacio virtual).

El poder de las redes: el sujeto como actor-red
Manuel Castells, en su análisis (desde una perspectiva capitalista) sobre los cambios estructurales que se produjeron con la influencia de las tecnologías de la información y la comunicación (Tics, puntualmente de Internet), se refiere a los jóvenes y a los movimientos sociales como los agentes de cambio.
Los jóvenes de entre 20 y 40 años, por lo general profesionales, como parte de movimientos sociales y a través de la utilización de Internet, son nodos de resistencia que conectan con otros puntos tradicionales; y desde internet se conectan, comunican, y organizan la ocupación del espacio público. Mediante esta interrelación entre espacio virtual y espacio físico se generan los cambios. La conexión es lo que hace la comunidad y los sujetos son pensados como actor-red.
Castells destaca cómo las prácticas tradicionales, en tanto manifestaciones de protesta con fuerte carga simbólica (él toma como ejemplo puntual la inmolación de un joven tunecino a principios de 2011, a partir de la cual se abrió un proceso democrático en Tunez), encuentran terrenos de expansión mediante las redes sociales. Se crean comunidades simbióticas entre lo virtual y lo presencial. Las comunidades virtuales conectan y luego se encuentran en las calles, por lo tanto se tocan, se viven… esto último no es Internet, pero sin Internet no hubiese sido posible.
En tanto nuevas formas de acción política que habilita la red y su vínculo con los jóvenes, Castells considera emblemático el caso de la llegada a la presidencia de Obama. Mayoritariamente los jóvenes fueron partícipes de este hecho. Su vida pasa por Internet, y también pasa por otros lugares, pero es central el papel que juega la red. Su movilización, su acción, su información, pasan por Internet; Esto sirvió para organizar un movimiento de base que transformó lo que estaba ocurriendo en la política norteamericana.
En la revisión bibliográfica realizada aparece fuertemente la idea de que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) se utilizan para reforzar comunidades y organizaciones ya existentes. Morduchowicz (2012:15) afirma que Internet -puntualmente los blogs, el chat y las redes sociales online- no anulan los espacios de sociabilidad presencial de los jóvenes, sino que estos espacios
“les ofrecen canales alternativos que se complementan con los tradicionales espacios de encuentro (la escuela, los cafés, las fiestas, el club, etc.). El chat, el blog y las redes sociales amplían los espacios y los tiempos para estar en contacto con amigos y familiares.”


Socialización en estudios de jóvenes: Entrevista a Alvarado:
Dado que el proyecto de jóvenes pretende dar cuenta de diversos contextos de socialización, donde no necesariamente aparece la referencia a lo virtual/presencial, consideré necesario recuperar trabajos realizados sobre ámbitos presenciales, donde las categorías de socialización/socialización política y subjetividad/subjetividad política son pilares. En este apartado se rescata una entrevista realizada a Sara Victoria Alvarado.
En el Doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales (Colombia, que se encuentra bajo la dirección Alvarado), uno de los grupos de investigación se conformó en torno a «Perspectivas políticas, éticas y morales de la niñez y la juventud» e integra la comunidad académica latinoamericana del GT CLACSO “Juventud y nuevas prácticas políticas en América Latina”. En el interior de dicho grupo se desarrollaron (en el año 2009) dos líneas de investigación: ética, moral y ciudadanía; y socialización política y construcción de subjetividades.
En el caso de la segunda línea, el objeto de estudio es la configuración de las subjetividades políticas de niños y jóvenes en procesos de socialización. Se realizaron aproximaciones a la categoría de socialización política desde la filosofía política -Habermas (1999), Rawls (1996), Arendt (1997) y Heller (1990)- indagando qué se decía y cómo se entendía el proceso de socialización política, cómo conceptualizaban la socialización, qué decían respecto la configuración de los sujetos políticos.
En estos trabajos se trató de comprender la categoría de socialización como configuración del sujeto y los órdenes sociales en los que este sujeto habita y se significa; y fue abordada principalmente desde la fenomenología y la sociología del conocimiento (Berger y Luckman, 1983; 1995).
Al indagar sobre la socialización se encontraron con dos tendencias: la tradición durkheimiana, y con ella el influjo de la sociología, desde la cual se asume la socialización como la apropiación de un mundo hecho de valores, un mundo moral, que tiene que ser transmitido al sujeto para crear unas predisposiciones al bien común, a la vida útil, conjunta, por los cuales el sujeto pueda absorber este mundo ya constituido. Así se pone el acento en una sociedad que tiene que ser incorporada por el sujeto. La segunda tendencia es la que proviene del interaccionismo simbólico (Schutz y Mead), donde se pone todo el peso de la construcción del mundo social y de las formas de acción humana en el sujeto; es un actor casi autónomo e independiente de múltiples determinaciones, capaz de vivir y construir su propia vida.
“En este diálogo entre las corrientes del subjetivismo y objetivismo es que aparecen claramente los aportes de Berger y Luckman, quienes ayudan a entender que la socialización sólo puede darse en una relación dialéctica entre el sujeto y el objeto, en donde al mismo tiempo que el sujeto es configurado, mediado, determinado por una serie de condiciones históricas, tiene la capacidad, el potencial, la posibilidad de resignificar, reconstruir y transformar esas condiciones que a su vez lo producen a él. Es decir, el sujeto se autoproduce, pero produce un mundo donde él está interviniendo.” (Alvarado, en Díaz Gómez, 2009:131) .
El trayecto que tomaron las investigaciones los llevaron a indagar del concepto de socialización, a la configuración de sujetos políticos y de allí a las subjetividades políticas.

Bibliografía
§  Alvarado, S. V.; Borelli, S.; Vommaro P. A. (Eds.) (2012). “Jóvenes, políticas y culturas: experiencias, acercamientos y diversidades”. Rosario. Homo Sapiens Ediciones. Recuperado el 20 de Marzo de 2013 de http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20121207040846/Jovenes_politica_cultura.pdf
§  Alvarado, S. V.; Vommaro, P. (Comps) (2010) “Jóvenes, cultura y política en América Latina: algunos trayectos de sus relaciones, experiencias y lecturas (1960-2000). CLACSO. Homo Sapiens Ediciones: Rosario.
§  Bernete, Francisco. (2010, Marzo) “Usos de las TIC, Relaciones sociales y cambios en la socialización de las y los jóvenes” en Ángeles Rubio Gil (coord.) Juventud y Nuevos medios de Comunicación. Revista de Estudios de Juventud., N° 88. pags. 97-114. Recuperado el 12 de abril de 2013 de http://issuu.com/injuve/docs/revista_88
§  Díaz Gómez, Álvaro. (2009, enero-abril) “Sara Victoria Alvarado. La producción de conocimientos sobre subjetividad política desde los jóvenes: aportes conceptuales y metodológicos.” Cuadernos del CENDES, Vol. 26, Núm. 70, pp. 127-140 Universidad Central de Venezuela. Venezuela. Recuperado el 15 de abril de 2013 de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=40311743007
§  Finquelievich, S. (comp) (2000). “Ciudadanos a la red. Los vínculos sociales en el ciberespacio.” Ediciones Ciccus. La Crujía. Buenos Aires.
§  Morduchowicz, R. (2012) “Los adolescentes y las redes sociales: La construcción de la Identidad juvenil en Internet”. Capítulo 1, Introducción pags. 7-16.  Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
§  Piotet, D.; Pisani, F. (2009) “La alquimia de las multitudes: Cómo la web está cambiando al mundo”. Paidós. Barcelona.
§  Revuelta Domínguez, Francisco Ignacio (2012). “Los mecanismos de la socialización virtual” @tic. Revista d’innovació educativa. Nº 9. Pags. 108-115. Recuperado el 4 de junio de 2013 de http://ojs.uv.es/index.php/attic/article/view/1949/1480
§  Sibilia, P. (2008) “La intimidad como espectáculo” Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.




[1] El término fue propuesto por Mark Prensky (2001) y tuvo amplia repercusión en los modos en que se entienden a los jóvenes desde la psicología social, las neurociencias  y la educación, entre otros campos de estudio.
[2] Danah Boyd, antropóloga de la School of Information de la Universidad de Berkeley, investiga acerca de los jóvenes y la web. En una entrevista sostenía que “estamos asistiendo a una ruptura en los hábitos y a una reorganización en la manera que la gente tiene de informarse y de socializar. Se trata de la “noción mágica de amigos”. Los “amigos” son aquellas personas con las que hablamos, aquellas que constituyen nuestra audiencia, aquellas a las que prestamos atención.” (Piotet y Pisani, 2009:49)
[3] La traducción es propia.

Seminarios internos - CES - Pablo Barbetti "Enfoques en los estudios sobre juventud(es)

Enfoques en los estudios sobre juventud(es)

1.    La juventud como objeto epistemológico complejo y esquivo
Producto de algunas transformaciones que afectan a las sociedades capitalistas contemporáneas[1] en las últimas décadas se generó un creciente interés por los “jóvenes” como objeto de estudio desde diferentes disciplinas científicas.
La juventud, no obstante, parece configurarse como un objeto epistemológico esquivo y con un importante grado de complejidad. En los estudios consultados se reconoce aparece como un concepto polisémico y con interpretaciones que en muchas ocasiones son contradictorias. Así,  por ejemplo Serrano Pascual (1995) señala que la juventud puede ser aprehendida como un estado o estatus (como una posición en la estructura social cuyo criterio de adscripción es la edad), como un estadío (estado incompleto[2]), como generación o bien como construcción social (resultado de prácticas discursivas que definen lo real).[3]
Cada uno de estos modos de aproximarse a la temática juvenil tiende a construir un campo de análisis en disputa, ya que implican diferentes miradas comprensivas sobre el modo en que se definen a los jóvenes, los problemas que los afectan y, a su vez, diferentes posicionamientos en el momento del diseño de las políticas públicas destinadas a este sector social.
Serrano Pascual (op.cit) sostiene también que esta pluralidad de definiciones no hace otra cosa que mostrar la necesidad de revisar la forma en que se construye socialmente a este grupo social y la manera en que dicho concepto es interpretado por los distintos agentes sociales (ya que en que muchas disciplinas y tradiciones teóricas se ha identificado a la juventud como una totalidad coherente, sin embargo, el objeto analítico no puede darse por supuesto).
Los distintos modos en los que esta categoría (juventud) se aprehende  revelan presupuestos normativos sobre el tipo de comportamientos esperables y deseables y suponen, en palabras de Klaudio Duarte Quapper (2000), “trampas para comprender y auto-comprenderse en el mundo juvenil”. Se trata de racionalidades que configuran una matriz que el autor denomina adulto-centrismo[4], en tanto sitúa lo adulto como punto de referencia para el mundo juvenil, en función del deber ser, de lo que debe hacerse para ser considerado en la sociedad (madurez, responsabilidad, integración al mercado de consumo y de producción, reproducción de la familia, participación cívica, etc.).
También Alvarado y otros (2009) resaltan la esencia problemática y compleja del concepto juventud y, por lo mismo, su necesario abordaje desde una perspectiva transdisciplinaria que permita delimitar las especificidades de lo juvenil (y la comprensión de sus mundos de vida) que trascienda a las miradas panópticas como únicas formas de abordaje[5].
Actualmente en el campo de las Ciencias Sociales existe consenso en que ya no resulta provechoso hablar de “la juventud”, en singular, como una categoría homogénea, definida sólo a partir de distinciones etarias. La concepción más tradicional del término (aquella que define a la juventud como una  fase entre dos etapas, como un tiempo de preparación para el desempeño de roles predeterminados[6]) resulta también limitada ya que la noción misma de juventud es social e históricamente variable. Hay muchas maneras de “ser joven” en las diferentes sociedades y, a su vez, estas se modifican en el tiempo producto de los cambios sociales. Los estratos sociales de pertenencia, la educación, el trabajo, el género, la etnia, la religión, el lugar de residencia (urbano/rural), la cultura, son algunas variables que ayudan a deconstruir la idea de la juventud como un concepto universal y reconocer la diversidad de prácticas, significados así como los proyectos diferenciados de los jóvenes. 
Asimismo, la complejidad del concepto  juventud(es) supone reconocer, además de su carácter contextual (espacial e históricamente situado) y heterogéneo (desigual y diverso), su aspecto relacional ya que “lo juvenil” se construye a partir de conflictos y consensos entre las hetero-representaciones[7] y las auto-percepciones de los mismos jóvenes (Chaves, 2010)
Desde esta perspectiva integral podemos comprender, entonces, que los factores explicativos de aquellas cuestiones que se configuran como “problemáticas” en los jóvenes no deben ser analizadas sólo al interior del período juvenil si no, además, revisando las condiciones del contexto que se transforman, interpelan e imponen nuevas demandas para este colectivo.
Quizá quien mejor explicó esta idea es Pierre Bourdieu (1990), quien sostuvo que  la juventud es una creación social y que los jóvenes no siempre fueron tratados como actores sociales. La juventud emerge como un grupo de agentes posibles de analizar con la modernidad: en el momento en que la mayoría tiene acceso a la enseñanza y se enmarca de esta forma en un proceso de “moratoria de responsabilidades” que en épocas anteriores no se daba. En consecuencia, la juventud pasa a ser objeto de investigación y de discusión cuando los mecanismos de tránsito etario no coinciden con los de integración social, cuando aparecen comportamientos definidos como disruptivos, porque los canales de tránsito de la educación al empleo, o de la dependencia a la autonomía, o de la transmisión a la introyección de valores, se vuelven problemáticos. Es, justamente, a partir de determinadas cuestiones que fueron «problematizándose» socialmente cuando, desde los Estados, también comienzan a generarse acciones dirigidas a este sector de la población hasta derivar en un campo de especialización específica dentro de las políticas públicas que hoy se conocen como políticas de juventud ( Balardini,1999)

2) Síntesis de algunos enfoques o paradigmas sobre la Juventud
Seguidamente presentamos una síntesis de algunos enfoques o paradigmas reconocidos en el campo de la sociología de la juventud. En los siguientes párrafos seguimos, básicamente, la descripción de enfoques propuesta por el equipo de Joaquim Casal y completamos la misma con algunas reflexiones realizadas por Acevedo (2011), Alvarado (op. cit) y Serrano Pascual (op. cit).
Casal y otros (2006) [8] sostienen que en el campo de sociología de la juventud los aportes realizados desde diferentes disciplinas - de forma explícita o implícita- pueden resumirse en tres enfoques (o paradigmas): el ciclo vital o la juventud como etapa de la vida; las generaciones en conflicto y, finalmente, la juventud como tramo biográfico de jóvenes en transición. En su planteamiento estos autores aclaran que se trata de una consideración de paradigmas que no es clasificatoria y sólo pretende diferenciar el enfoque biográfico de itinerarios y transiciones ( enfoque al que ellos adhieren) y subrayar la potencialidad del mismo para la interpretación y comprensión de tendencias sociales emergentes sobre juventud tanto en países o zonas centrales del capitalismo informacional como en zonas periféricas y de exclusión, resultante de los procesos de  globalización en lo económico y lo cultural.
a)    Primer enfoque: la juventud como ciclo vital o etapa de la vida (perspectiva integracionista basada en planteamientos de corte funcionalista)
Este enfoque se vincula con los primeros pasos de la sociología y sus puntos de contacto con la psicología evolutiva. Básicamente la sociología del ciclo vital propone la existencia de cuatro grandes etapas (infancia, juventud, vida adulta y vejez) y dentro de cada ciclo algunas subdivisiones para atender a la diversidad de situaciones (la primera y segunda infancia, la adolescencia y los jóvenes/adultos, el estadio de matrimonio, la crianza y los roles parentales, los nidos vacíos, la jubilación y la decrepitud o cuarta edad).
Las hipótesis de los estadios de la persona (con vínculos en la psicología evolutiva) y la del ciclo de reproducción familiar (arraigadas en la sociología de la familia) han sido los principales referentes de este enfoque[9].
Desde esta perspectiva la adolescencia y juventud son consideradas como una etapa más de la vida (más o menos larga, más o menos diferenciada, más o menos conflictiva)  basada en criterios de superación de ciclo: abandonar determinadas pautas más propias del ciclo anterior (la infancia, en este caso) en favor de la adquisición de pautas más propias de la vida adulta (trabajo, familia propia y reconocimiento social). Se reconoce que muchas veces, además, los cambios de ciclo irían acompañados de certificación social o ritos de paso, aspectos que han llamado mucho la atención de la antropología cultural.

Este enfoque tuvo un particular interés en interpretar las especificidades del rol de joven y la relación entre padres e hijos, en un contexto social de modernidad, de industrialismo y urbanismo. El análisis sociológico, pone especial atención en las distancias entre los logros psico-físicos en la pubertad y el retraso en asunción de responsabilidades sociales plenas. El desajuste de logros y responsabilidades en el tiempo sería la razón de fondo de los descontentos y tensiones de los jóvenes, y la relación entre adultos y jóvenes sería de malestar, de crisis paterno-filial, o crisis generacional propiamente dicha.

Como lo adelantamos al inicio, la principal crítica realizada a este enfoque es que esta se construyó a partir de una mirada adultocéntrica. La juventud aquí es pensada como un tiempo vacío o de espera solo evaluable positivamente en función de la asunción de roles propiamente de adulto (llegar a una profesión, oficio o trabajo de continuidad, conseguir una pareja estable, ahorrar para acceder a una vivienda propia, asistir a las celebraciones o fiestas familiares). La consecución del estado adulto aparece muchas veces como una meta normativa y un deber moral.

Otra crítica es que la definición de la juventud, desde este enfoque, toma como principal referencia a la edad como dato biológico sin realizar distinciones ni caracterizaciones de ningún tipo y, por lo mismo tiende a homogeneizar al conjunto de sujetos que tienen una edad, en un determinado rango.

En este enfoque se ve, además, un marcado carácter negativo en favor de los roles y estatus de adultez: los jóvenes son pensados desde la indeterminación (a partir de lo que “no son”, de las carencias, de lo que les falta, de “lo que no pueden”) y la moratoria en la toma de roles. La negatividad, expresada así, puede tener dos concreciones bien como acusación (los jóvenes son vistos como problemáticos) bien como exculpación (como víctimas). En ambos casos, sin embargo, se considera que el mundo de los jóvenes es extraño al mundo de los adultos: poco comprensible, poco entendedor, poco justificable; desconocido, y respaldan la idea de que los jóvenes forman generaciones en tensión con los adultos, por eso mismo en paralelo emerge la segunda perspectiva.

b)    Segundo enfoque: la juventud como generación en conflicto (perspectiva generacionalista basada en planteamientos de corte conflictualista)
La segunda perspectiva sobre Juventud se focaliza en el hecho “generacional”, sobre todo desde el conflicto entre generaciones de jóvenes y adultos. Inicialmente proviene de los aportes de Manheim[10] pero tiene su máximo esplendor en el análisis de la contracultura durante los sesenta.  Para esta perspectiva los jóvenes representan los valores asimilados al cambio social y el progreso, en detrimento de los adultos y ancianos que representan los valores asimilados a la tradición y la identidad étnica y geográfica.
Aquí se considera a la juventud como un grupo (generación) en una fase, más que de integración en la sociedad, de negación y reconstitución de ésta bajo unos nuevos términos .En este sentido, la juventud es observada como motor de cambio social, en una relación de contradicción con el estadio adulto. Si la perspectiva anterior considera a la juventud como un medio de acceso a la sociedad adulta (interiorización de normas y objetivos sociales), esta orientación observa a lo juvenil como contrapuesto al orden social vigente. Si la misión del sujeto en la perspectiva anterior sería la reproducción social, en ésta se trataría del cambio social.
Por lo antes mencionado desde esta perspectiva se  enfatiza el análisis de los aspectos culturales ligados al grupo juvenil: las formas o estilos de vida de los jóvenes. Desde este abordaje interesan especialmente indagaciones orientadas a interpretar las construcciones simbólicas del mundo juvenil, las nuevas formas de socialidad, los procesos de identificación e integración propiamente juveniles, entre otros (Alvarado, op.cit).  La relación entre los distintos grupos de edades (o generaciones) es comprendida como esencialmente conflictiva, ya que supone universos culturales en contradicción o en diferenciación.
La generación, como categoría, puede ser concebida como una estructura transversal de la experiencia histórica, de la memoria acumulada. Más que a una fecha de nacimiento remite al momento histórico, a la época en que el individuo se socializa (Acevedo, 2011) Así cada generación incorpora códigos, destrezas, lenguajes, cada época tiene su episteme (es decir un conjunto de formas de entender e interpretar el mundo)[11].  
El concepto de generación está intrínsecamente relacionado, además, con el de subcultura, según el cual el grupo se observaría como una forma particular de interpretar y percibir lo real como un sujeto del cambio social. Según esta concepción, el grupo juvenil mantiene una relación de antítesis con lo instituido. La rebeldía y la transgresión definirían, según esta perspectiva, el modo de ser joven.
Para estos autores la descripción de las rupturas entre generaciones es la vertiente más periodística (y romántica) de este enfoque: “las generaciones serían los conductores de las rupturas sociales y del cambio; tantas rupturas, tantas generaciones”. Las subculturas juveniles constituirían es la vertiente más extensa en los estudios sobre cambios y tensiones entre los jóvenes, inicialmente por influjo de la antropología cultural pero después sociológicamente arraigados a las teorías de la reproducción cultural o el viejo enfoque de la “cultura de masas” y una cultura juvenil de confrontación.
No obstante señalan que tanto el primer enfoque (la juventud como etapa o ciclo vital) como éste (la juventud como generación) parten de una consideración común acerca del carácter socio-histórico de la juventud, con tinte muy esencialista.
Al igual que en el enfoque anterior el límite que puede tener la noción de generación, si se trabaja sólo como categoría descriptiva y general, es el de homogeneizar un grupo social heterogéneo invisibilizando las particularidades y los diversos modos de ser joven.
Es en este marco general de la realidad juvenil como construcción socio-histórica que emerge el tercer enfoque.
c)    Tercer enfoque: la juventud como tramo biográfico de transiciones.
El tercer enfoque teórico propuesto analiza el hecho biográfico de las personas articulando algunas aportaciones del neo-marxismo y el enfoque estructural, el interaccionismo simbólico y el constructivismo social.
Desde el punto de vista metodológico propone un enfoque biográfico y longitudinal que, desde el punto de vista de sus autores, puede contribuir a una mejor comprensión de los procesos biográficos de los jóvenes. Desde el punto de vista teórico se acerca e incluye supuestos de las tesis de la segmentación sobre el mercado de trabajo y enraizado con las transiciones laboral y familiar sobretodo en la perspectiva de los itinerarios de transición y las trayectorias sociales.
La perspectiva de la transición aparece definida como tercera vía teórica a fin de superar algunos límites de los otros dos enfoques y, en palabras de sus autores: “…en el intento de encontrar un camino que permita un enfoque de la juventud más sociológico, más político y también más próximo a las elecciones racionales y las emociones de los actores...”.
El punto de partida es el actor social como sujeto histórico y protagonista principal de la propia vida que articula de forma paradójica y compleja la elección racional, las emociones, las constricciones sociales y culturales y las estrategias de futuro.
Para Casal ( op. cit) el tema de los jóvenes y la juventud no es sólo un conflicto de roles (como aparece presentado en el primer enfoque), y tampoco un conflicto entre generaciones (tal como se define en el segundo). La perspectiva biográfica procura integrar estos aspectos en la concepción de itinerario y de trayectoria[12]. El enfoque de las biografías y los itinerarios procura una triangulación a tres bandas: la sociedad como estructura, los hombres y mujeres como actores y las generaciones como resultantes de procesos históricos de cambio. En definitiva: estructura, acción e historia como proyecto de trabajo sociológico centrado, en este caso, en los jóvenes y la construcción de lo social.
La juventud se entiende, desde este enfoque, como un tramo dentro de la biografía, que va desde la emergencia de la pubertad física hasta la adquisición de la emancipación familiar plena y desde la salida del sistema escolar hasta la inserción laboral (posición y enclasamiento) ; es decir, transición profesional y familiar (y la desigualdad social en sus logros). Como nuestro contexto histórico pasa por el cambio domiciliar respeto la familia parental o de origen (dimensión neo-local), la juventud no es otra cosa que un proceso social de autonomía económica y emancipación familiar plena que concluye con el acceso a un domicilio propio.
En esta concepción de juventud se adopta algunos aspectos de la teoría de roles y que incorpora la tensión familiar entre hijos y padres, pero que se focaliza en el proceso de adquisición, enclasamiento y de emancipación familiar plena: un proceso social que tiene lugar en un determinado tramo biográfico (las edades de los jóvenes)
En la construcción que realizan los autores, hay algunos términos claves tales como  itinerario, trayectoria y  transición (en el aspecto laboral y en la emancipación).

Bibliografía:
Acevedo, M; Andrada, S y López, S (2011): La implicancia de sujetos en la investigación y la intervención con jóvenes. En Culturas Juveniles. Disputas entre representaciones hegemónicas y prácticas. Villa, A; Infantino, J. y Castro, G (Comps.) Ediciones Novedades Educativas. Buenos Aires.
Alvarado, S; Martinez Posada, J, Muñoz Gaviría, D (2009): Contextualización teórica al tema de las juventudes: una mirada desde las ciencias sociales a la juventud. En Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales de Niñez y Juventud Nº 7. Universidad de Manizales. Colombia.
Balardini, S., Hermo S. (1999): Políticas de juventud en América Latina: evaluación y diseño. Informe Argentina. OIJ-Flacso. Sede Argentina.
Bourdieu, P. (1990): Sociología y Cultura. México: Ed.Grijalbo – Consejo Nacional para las Cultura y las Artes.
Casal, J., M. García, R. Merino, M. Quesada (2006): Aportaciones teóricas y metodológicas a la sociología de la juventud desde la perspectiva de la transición, Papers Nº 79,pp 21-48. Barcelona
Castells, M (2001), La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura. vol. I, La Sociedad, México, RED,Siglo XXI.
Chaves, M (2010): Jóvenes, Territorios y complicidades. Una antropología de la juventud urbana. Buenos Aires. Espacio Editorial.
Harvey, D (1998), La condición de la Posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambiocultural, Buenos Aires, Amorrortu editores.
Quapper Duarte, K (2000): ¿Juventud o juventudes? Acerca de cómo mirar y remirar las juventudesde nuestro continente”, en Revista Última Década, N0 13, Viña del Mar, CIDPA.
Margulis y Urresti (1996): La juventud es más que una palabra. Buenos Aires. Biblos.
Serrano Pascual, A. (1995): Procesos paradójicos de construcción de la juventud en un contexto de crisis del mercado de trabajo” . En REIS Nº 71-72. CIS.



[1] Nos referimos a los grandes cambios en las dimensiones económicas, culturales y políticas descriptas, entre otros, por Harvey (1998) y Castells (2001)
[2] La autora distingue dos tendencias , provenientes de dos campos disciplinares diferentes, en las investigaciones que parten de esta concepción: las de la psicología y las de la sociología ( retomamos y ampliamos este desarrollo en otra parte del texto)
[3] Esta perspectiva (Construccionismo Social) pone un especial énfasis en las convenciones culturales con las que se habla de juventud y la función de éstas en la reproducción de las estructuras de poder y de control.
[4] El autor enumera al menos cuatro “trampas” derivadas de esta forma adulto-centrista de concebir lo social y la juventud : 1) la universalización como homogenización (“ son todos iguales”); 2) La estigmatización que se hace del grupo social juventud y de sus prácticas y discursos, como objetivación invisibilizadora (“son un problema para la sociedad”);  3) La parcialización de la complejidad social como mecanicismo reflexivo, a partir del uso de categorías binarias ( “ se joven o adulto”); 4) la idealización de la juventud como objetivación esencialista ( “son los salvadores del mundo”)
[5] En la contextualización teórica del tema juventud estos autores plantean que los conceptos de adultocentrismo ( considerando como la hegemonía de la interpretación del mundo desde la postura del sujeto adulto/masculino/occidental) y el tiempo de panóptico ( como alusión a la intención de las sociedades del control y autocontrol, para poder vigilar los cursos vitales a partir de particularización de momentos en sus vidas) permiten comprender la lógica intervencionista del mundo adulto en la configuración de los mundos de la vida juveniles.
[6] Nos referimos a la perspectiva clásica o eriksoniana que desarrollamos más detenidamente en el siguiente apartado.
[7] Elaboradas por agentes o instituciones sociales externas a los jóvenes.
[8] Los autores que seguimos en esta presentación conforman hace más de 20 años el GRET ( Grupo de Estudio sobre Educación y Trabajo) y tienen como sede el Departamento de Sociología de la  Universidad Autónoma de Barcelona
[9] Gessel y Erikson son mencionados como los principales referentes de estas ideas desde la Psicología Evolutiva.
[10] K. Manheim fue el referente para la sociología de las generaciones que posteriormente se ha divulgado más. M. JENSEN, La teoría de las generaciones y el cambio social, Madrid, Espasa- Calpe, 1976.
[11] Margulis y Urresti (1996), por su parte, efectúan un aporte interesante al señalar que si bien la juventud es una condición social tiene, a la vez, una base material vinculada con la edad. A partir de los conceptos de “moratoria vital”  (concepto complementario al de moratoria social) y de “memoria social incorporada”(en tanto experiencia social vivida) incorporan el aspecto temporal y cronológico en la definición de juventud. Ser joven, no solamente dependería de la edad como característica biológica, ni del sector social que permite acceder de un modo diferencial a una moratoria, sino que además habría que considerar el hecho generacional, la circunstancia cultural que supone códigos propios de socialización, un nuevo modo de percibir y apreciar, de ser competente en nuevos hábitos y destrezas, elementos que distancian a los más jóvenes de generaciones más antiguas.
[12] El enfoque de la teoría de los roles ha surgido de una raíz muy estructural; la perspectiva del conflicto generacional ha tenido raíces en el análisis del cambio social y cultural.